El error de diciembre:
Uno de los primeros grandes retos que enfrentó el gobierno de Zedillo fue el llamado “error de diciembre” o "efecto tequila". El 20 de diciembre de 1994 los mexicanos despertaron con esta noticia, que mezcló la falta de reservas internacionales, la devaluación del peso mexicano, una fuerte fuga de capitales, falta de liquidez y el aumento de la deuda del país.
La recesión provocó la devaluación del peso de más de 100%, la erosión de las reservas internacionales, una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 6.2%, la quiebra de los bancos y el desempleo.
Sin embargo, el expresidente decidió rescatar a los bancos y grandes empresarios convirtiendo su deuda privada en pública en lo que se conoce como: Fondo de Protección al ahorro (Fobaproa).
Activación del FOBAPROA:
Aunque el Fobaproa se creó en 1990, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, no se activó hasta 1995. Zedillo optó entonces por rescatar a los bancos en lugar de permitir su quiebra, utilizando el Fondo Bancario de Protección al Ahorro, Fobaproa, creado en 1990 con la finalidad de ser un fondo de contingencia económica, el cual pudiera hacer frente ante la posible falta de liquidez de la banca.
Usó el fondo para prestarle dinero a las empresas (o esa era la intención) para que no terminaran en la quiebra. Sin embargo no ocurrió como se esperaba, los 1,000 millones de pesos que poseía el fondo se gastaron por completo.
El porque es muy sencillo de averiguar, las grandes empresas (Coca Cola, Bimbo, etc.) e incluso las pequeñas, dejaban como garantía al pedir un préstamo del fondo FOBAPROA bienes que no valían en absoluto la cantidad de dinero que habían pedido prestado. Así de sencillo surgió y se destruyó el Fondo Bancario de Protección al Ahorro.
PROGRESA:
En 1997, el Presidente Ernesto Zedillo anunció la creación del Programa de Educación, Salud y Alimentación-Progresa. Este programa representó una nueva forma de política social, que sirvió como ejemplo a varios países de América Latina y el mundo. Las innovaciones principales que se le reconocen son las de integrar en un solo programa las dimensiones de salud, alimentación y educación.
Progresa optó por enfocarse a la creación de capital humano y, para ello, integrar en un solo programa tres dimensiones básicas: salud, alimentación y educación. La interdependencia entre estas dimensiones aseguraba al Programa mayor sustentabilidad en el tiempo, puesto que personas más sanas, mejor alimentadas y con mayor educación podrían acceder a mejores opciones dentro del mercado de trabajo, evitando así el círculo intergeneracional de la pobreza.
Progresa también representó una innovación en lo que se refiere al tipo de apoyo que entregaba: en vez de subsidios o canastas de productos se optó por entregar dinero en efectivo, y sólo algunos apoyos específicos en especie, como el complemento nutricional. Para evitar el uso político que esta entrega de dinero representaba para las familias más pobres, se decidió que fueran ciertas agencias financieras las que realizarán esta tarea, como la Banca Popular (Bansefi), el sistema de giros telegráficos (Telecomm), e incluso la banca privada (BBVA-Bancomer).
Sin embargo, para que ese apoyo fuera orientado a la creación de capital humano, la innovación central de Progresa fue condicionar la entrega de estos beneficios a actividades que reportaran un incremento del mismo y reforzarán la triada educación-salud-alimentación: las familias sólo recibirían los apoyos si cumplían con enviar a sus niños a la escuela; asistir a pláticas y consultas médicas; y utilizar los apoyos para el desarrollo familiar. Para ello, se creó un sistema de seguimiento y validación de corresponsabilidades, esta última actividad a cargo de las secretarías (ministerios) de Salud y Educación estatales. De esta forma, se formaron instancias de comunicación intersecretarial donde participaban representantes de Salud, Educación y Desarrollo Social.

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